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Prácticas corporales: las artes marciales chinas (Segunda parte)

Los fundamentos filosófico-religiosos de las artes marciales chinas se traducen en prácticas corporales. Desde aquí se encuentra presente un principio fundamental: la división entre alma y cuerpo no opera en esta tradición. En efecto, nos encontramos lejos del dualismo antropológico que marca un aspecto divino encerrado en su tumba carnal. La mente racional, la que resuelve problemas, no tiene un privilegio frente a la unidad mente-corazón que implica una apertura y una escucha de las conexiones e intercambios de energía dentro del todo.

La energía o  que recorre el cuerpo no corresponde a lo que la tradición occidental entiende por alma, ni las prácticas encuentran en el ascetismo de Occidente su perfecto reflejo. El buen guerrero, sanador y sabio es aquel que atiende al  para internarse en su dinámica permitiendo su flujo y aprendiendo a controlarlo. El objetivo está en la suavidad, la relajación que permite hacer el tránsito de wuji a taiji, es decir, de la ausencia de intención a la energía en movimiento. Respetar los momentos, saber esperar y prepararse para la derrota. Todos ellos principios chocantes para la mentalidad occidental.

En este sentido, encontramos en el Tao te king una imagen perfecta de lo que esto implica:

No hay bajo el cielo cosa más blanda y débil que el agua. Sin embargo, en su embate contra lo rígido y duro, nada la supera, es irremplazable. El que lo débil vence a lo firme es cosa que, bajo el cielo, nadie ignora, mas nadie aplica.


La práctica de las artes marciales chinas lleva a una comprensión o, mejor, a la incorporación de este principio. No se trata de llegar a la dureza de la roca, no es el afán de ser proyecto consumado, sino el dejarse ser como el agua que fluye. Es en la capacidad de emular la plasticidad del agua donde recae la fuerza del guerrero: pasar de arroyo a mar enfurecido o saber distinguir cuando una simple y constante gota es suficiente. Encontrar el poder en lo débil para vencer lo firme, he aquí el juego del yin-yang en el que hay que internarse bajo el principio de la relajación.

Esto nos da una idea del contexto donde podemos situar los objetivos de la práctica de las artes marciales. Pero, de nuevo, es en la voz del practicante donde se puede encontrar la línea a seguir en la madeja de posibilidades. Toca el turno a Montserrat Serlavós Terrats que inició su formación en los cursos de Tai-chi de Juan Garcerán en Barcelona. Esto le llevo a profundizar como monitora de Qi-gong en el Centro Jing en la misma ciudad mediterránea a cargo del Sifu Sebastián González.



Durante una maratón de Tai-chi entró en contacto con Jef Morris, subdirector de Tai-chi for Health en Sidney, Australia. Ahí estudió y practicó los estilos Sun y Chen con el Dr. Paul Lam. Siguiendo esta misma línea se trasladó a los Estados Unidos con el mismo Jef Morris para formarse en Tai-chi for arthritis, Tai-chi for diabetes, Tai-chi for energy, y Tai-chi for kids. Finalmente, fue en el centro Espai Shen de Barcelona donde obtuvo el cinturón rojo de Xing-Yi, complementado así la transmisión del maestro Sun Lu Tang.

Carlos Girón: Nada más haciendo este repaso de tu trayectoria podemos darnos una idea de la variedad de objetivos que pueden perseguirse y conseguirse con la práctica de las artes marciales. Pero profundicemos un poco más en ello, si no te molesta.

Montserrat Serlavós: Los objetivos e intereses del practicante pueden ser múltiples, el principal es el descubrimiento personal, pues al desarrollar diferentes aspectos, suele ocurrir, que empezando nuestra práctica por un interés específico, acabemos interesándonos más por otros aspectos descubiertos con el entreno.

Acotando un poco más la respuesta diré que nuestra salud mejorará y hasta algunas dolencias y enfermedades desaparecerán. Nuestra mente emocional se calmará controlando nuestros sentimientos y acciones. La mente racional se superará al crearse con la solución a los diferentes problemas de ejecución física y de psicomotricidad, nuevas conexiones neuronales. Ganaremos fuerza, elasticidad, coordinación y conocimiento corporal personal, pues la exigencia del arte nos hará enfrentarnos a nuestras limitaciones tanto físicas, emocionales o intelectuales, creando un terreno de juego donde superarlas. También aprenderemos a defender nuestro ser de los que nos quieran dañar e incluso de nosotros mismos.




C.G: Es una tendencia muy humana esa de exteriorizar al enemigo, por lo que resulta sumamente sugerente la idea de lo marcial como camino para enfrentar al enemigo que soy yo para mí mismo. ¿Qué se necesita para iniciarse en la práctica y conseguir estos objetivos?

M.S: Para avanzar en este sendero te diré que hace falta una intención inflexible, nuestro enemigo interno siempre buscará excusas para evitar la práctica. Estoy cansado, tengo obligaciones familiares, mi pareja no entiende que vaya a entrenar, el trabajo me absorbe, necesito evadirme y divertirme saliendo porque estoy muy estresado, etc. Todo serán excusas para no incrementar tu volumen energético y salir del surco de tu vida actual que no te deja divisar el horizonte. Una vez se empiece a caminar no hay ser humano que pueda predecir cuán lejos llegaremos en ese camino.

C.G.: Primera y fundamental manifestación del enemigo interno. Me parece, sin embrago, que aquí se insinúa también la necesidad de cierta fe o creencia en lo que se está por iniciar. Pero, al final, todo es parte de este juego interno que se decide para empezar el movimiento en un sentido determinado. Este me lleva a plantear una última pregunta: ¿quién puede practicar entonces estas disciplinas?

M.S.: Cualquier persona puede practicar, pues dependiendo de nuestra condición física y salud, empezaremos con un tipo de ejercicios u otros. Podemos practicar para recuperar salud, para tranquilizar nuestro espíritu, para calmar nuestra mente, para mejorar nuestro rendimiento en otros deportes o en el trabajo, desarrollar nuestra psicomotricidad, reflejos, equilibrio y situación espacial. Para aprender combate o defensa personal, aprendiendo a su vez a dominar las dos funciones emocionales básicas del ser humano que son el miedo y la agresividad.

Llevo más de 20 años trabajando estas técnicas, en escuelas con niños de 4 a 12 años, en geriátricos con abuelos de hasta 102 años, en gimnasios, en centros cívicos. En todo este tiempo he podido constatar que no hay muchas diferencias energéticas entre las personas de diferentes edades, lugares y estatus sociales, y que todas responden a los mismos estímulos, sea cual sea su camino o su momento existencial. El  les llega con fuerza hasta lo más íntimo de su ser, aportando a cada uno aquello que necesita.

El es como una fuerza neutra, que penetra en cada ser vivo y se adapta a sus necesidades. Se pueden trabajar las mismas técnicas con personas de cualquier edad y cualquier condición, la energía de vida es la que se encarga de transmutarse y adaptarse a cada individuo.


Juan Manuel: Si me lo permites, me gustaría acabar con un párrafo del maestro Sun Lu tang:

Yo me he dedicado a observar y escuchar respetuosamente y por fin he empezado a comprender que el camino de las artes marciales (quan dao) es el mismo que el camino del cielo (tian dao) y este es el mismo que el camino de la humanidad (ren dao). También comprendí que aunque las posturas de los diferentes estilos marciales fuesen distintas todas compartían los mismos principios. En todas partes he comprobado que la sinceridad representa el centro de todo, mientras que la apariencia reside en el exterior.
Las artes marciales pueden cambiar la materia y la energía del ser humano.


C.G.: No hay mejor manera de cerrar este diálogo. Aunque, como todo buen cierre, se trata más bien de una apertura que busca despertar la curiosidad. Seguiremos explorando las prácticas corporales, ese hacer del cuerpo que lo vuelve presente aunque, como se ve, esto no siempre implique llevarlo ante la mirada de esa mente racional que apuesta por la disección y la diferencia. Muchas gracias Juan Manuel y Montserrat. Hasta la próxima. ¡Buena práctica a todas y todos! 


Prácticas corporales: Wushu, el arte marcial chino

Hablemos del cuerpo. Lo que está ante la mirada es lo evidente, lo que puede constatarse con el simple hecho de abrir los ojos. Pero mi cuerpo no está ante los ojos, sino detrás de ellos. No somos seres visibles para nosotros mismos. De aquí que lo que parece tan dado, lo aparentemente inmediato, requiere siempre de una acción que le ponga en evidencia, es decir, que le ponga ante el escrutinio de la mirada. 

Para nadie es un secreto el hecho de que la conciencia está estrechamente vinculada con la mirada. Lo consciente es lo que pertenece a la vida diurna, lo que aparece en el estado de vigilia y aquello de lo que podemos dar cuenta a través del discurso. La claridad, la luz, la visión, son todas categorías de la conciencia. La noche, la sombra, la ensoñación, por el contrario, pertenecen a ese ámbito de lo inconsciente: todo aquello que se sustrae a la conciencia.


No es casualidad que el cuerpo sea el lugar donde el síntoma de lo que nos aqueja inconscientemente se hace patente. El cuerpo no está ante los ojos, no es un objeto que el sujeto pueda poner ante la mirada sin la mediación de un artilugio como el espejo. Sin la herramienta reflectante –que también puede ser la mirada del otro– el sujeto no puede escapar a una perspectiva parcial y fragmentada de su propio cuerpo. El ejercicio, por tanto, se juega en una frontera entre la luz y la sombra, entre el dominio luminoso de la consciencia y el de la ensoñación inconsciente.

Este juego en el que los opuestos aparentes se interrelacionan y complementan constantemente resulta mucho más cercano a las tradiciones de Oriente. Hoy nos acercamos un poco a ese territorio y, particularmente, al monte Song, en la provincia de Henan, China. Ahí se sitúa el templo Shaolin, lugar de encuentro y fusión de las más potentes tradiciones de Oriente. Es ahí donde nace una auténtica leyenda que encarna en el nombre de Bodhidharma.



Una de las vertientes de este manantial de tradiciones está en la conexión con las artes marciales chinas o wushu. Destacan en el mundo las tres formas de lo que se considera como artes marciales interiores: taijiquanbaguazhang y xingyiquan. Todos erigidos sobre la base de las teorías del yin-yang y de los cinco elementos, es decir, una práctica corporal con una base de corte neoconfucianista que reúne elementos del budismo y el taoísmo. Pero más que centrarse en la teoría y la historia, es momento de emprender un diálogo para buscar acercarnos a la práctica. De aquí que sea necesario acudir a la figura del maestro, del transmisor de un estilo que madura en el tiempo gracias a sus bien fundadas raíces.

Dialogamos entonces con Juan Manuel Clavero Fábregas, profesor 2º Dan de Tai-Chi-Chuan por el Instituto de Wu-Shu de Barcelona y Entrenador Regional de Tai-Chi por la Federación Madileña de lucha. Practicante de disciplinas como balonmano, atletismo y excursionismo, obtuvo el título de monitor provincial polideportivo en la residencia Blume. Continuó practicando escalada en roca, en hielo , alpinismo, esquí alpino, esquí de fondo y esquí de travesía, además de cursar 2 años de Filosofía y letras en la Universidad de Barcelona.


Su primer contacto con el Wu-Shu fue mediante el aprendizaje del Tai-chi, con la intención de ganar elasticidad, psicomotricidad y concentración mental para los deportes de montaña que practicaba. A continuado su formación en el arte marcial chino, completando los estudios de los estilos internos deWu-shu como Tai-chi YangTai-chi ChenXing-yi QuanPakua QuanTai-chi Quan you y Neija Quan.También ha practicado Tai-chi Sun y Tai-chi Wu. Pero la preparación es un camino constante, por lo que en la actualidad está formándose en los estilos de Hungar Quan y en las armas de Shaloin Norte.



Enseña y practica diferentes series y ejercicios de Qi-gong, además de enseñar Tai-Chi Yang y Chen en los gimnasios Holmes Place de Barcelona y dar clases y cursos de Xing-yi, Neija Quan, Chen Laojia, y Yang en el Instituto de Wu-shu de Barcelona. Hoy nos regala unos minutos para ayudarnos a comprender mejor la importancia de una práctica corporal como la del arte marcial chino, por lo cual le estamos muy agradecidos. 

Carlos Girón: Al tener una fuerte influencia de las grandes tradiciones filosófico-religiosas de Oriente el estilo que usted practica parece ir más allá de lo marcial. ¿Qué otras aplicaciones pueden tener estas prácticas?

Juan Manuel: El arte al que me dedico no es una práctica oportunista ni inventada, es una disciplina heredada, fruto del estudio, dedicación, trabajo y observación de muchas generaciones de practicantes. Para responder a esta cuestión me remitiré a la respuesta que dieron mis antecesores. Cuando se le hizo la misma pregunta al maestro Wang Xiang Zhai el maestro respondió:
En primer lugar sirven para mejorar y revitalizar la salud de los practicantes. También sirven para tejer la amistad y relaciones sinceras. En tercer lugar sirven como defensa, en el caso improbable de que nos veamos obligados a defendernos a nosotros mismos o a nuestros seres queridos. Por último diré que sirven para alterar el curso del destino y transformar nuestras vidas.



C.G: Esto sin duda está en la línea de esa búsqueda de formación integral del guerrero, sanador y sabio. Una interesante conexión entre la triple dimensión de la seguridad, la salud y la sabiduría. En esto no deja de resultar llamativo el hecho de que para entrar en contacto con una energía inmaterial se opte por una práctica corporal. ¿Cómo se vive la práctica de las artes marciales chinas? ¿Cuál es la experiencia?

J.M.: La vida es un misterio, el hombre es un misterio, la conciencia es un misterio.La separación de lo material y lo inmaterial es un espejismo de la mente, la solidez del cuerpo es ilusoria. Lo realmente apabullante es el misterio de la percepción. ¿Con qué parte de nuestra configuración humana percibimos? ¿Con la material o la inmaterial?
Por otro lado, la práctica nos lleva a un conocimiento personal, el desafío de un artista marcial es consigo mismo. Un compromiso con el espíritu por limpiar su vida de toda mezquindad y acrecentar su poder para brillar con luz hasta que pierda su individualidad y se una otra vez al océano de la conciencia universal. En este sentido la experiencia consiste en adiestrar nuestra mente para que supere todos los obstáculos y permita dedicar tiempo al trabajo corporal. Éste, con la disciplina y prácticas adecuadas, regulará nuestros estados mentales y emocionales, creando un ahorro energético que incrementará nuestro poder. Entendiendo por poder el ser capaz de….
Todo esto nos hará vibrar en otra longitud de onda, siendo capaces, entonces, de alterar nuestro destino de seres normales y corrientes. Así es posible liberarse de ser siempre empujado por las circunstancias, como las hojas a merced del viento.


C.G.: Sumamente interesante esta perspectiva de la ilusión y el camino de empoderamiento que implica una armonía entre cuerpo y mente. Para profundizar en esto, ¿cómo podría pensarse la relación mente-cuerpo o alma-cuerpo desde la práctica de las artes marciales chinas?



J.M.: La relación en la práctica en realidad aúna tres aspectos del ser: el intelectual o analítico, el emocional y el orgánico o físico. Dentro de este último podríamos separar el terapéutico y el deportivo. Las artes marciales chinas, hace un par de siglos, se dividieron por sus investigadores y practicantes en internas y en externas. Como todas las clasificaciones, obra de la mente analítica, así como el universo,están formadas de proposiciones contradictorias. Como el símbolo del Tai-chi, conocido popularmente como el yin-yang. Dentro de lo blanco siempre hay un punto negro y dentro de lo negro siempre hay un punto blanco. Quiero decir con esto que toda la práctica del arte marcial chino está imbuida por el control y uso de las emociones, las técnicas de defensa personal o arte de la guerra, la medicina tradicional China, la condición física óptima, el camino de la comprensión de la conciencia de ser, e incluso la mítica iluminación. Dependiendo de su origen, de la herencia de sus practicantes y de las necesidades durante su desarrollo, algunas enfatizaran unos aspectos y otras priorizarán otros.



C.G.: Entiendo entonces que se trata de una relación dinámica de constante interacción. Esto, asumo, estará orientado por los objetivos buscados, es decir, por el sentido que se le da al camino que se ha de recorrer con la práctica del arte marcial. Hablemos un poco entonces de estos objetivos… (Continuará)

El vacío para comenzar

El texto de Ernst Bloch, El principio de esperanza, inicia con un peculiar recordatorio: "comenzamos con las manos vacías". Ya en el inicio de nuestra existencia se encuentra la condición menesterosa, esa que nos ancla en un presente proyectando hacia el futuro. El deseo, no obstante, es indeterminado. No se sabe qué se quiere, pero se quiere algo. Este "algo", además, tiene la peculiaridad de no existir todavía, de ahí que su tiempo sea el que todavía no es, el que todavía no llega, es decir, el que se está esperando. 

De aquí que, para Bloch, seamos seres que sueñan, sobre todo cuando estamos despiertos. La ensoñación diurna no es sino la manifestación de este deseo indeterminado desplegándose a lo largo de la vida.  Pero la vida está atada a las posibilidades de la materia, es decir, depende de la presencia e intensidad de las fuerzas corpóreas. Así, el sueño que se manifiesta durante el día depende del momento vital en que nos encontremos: no sueña lo mismo el niño, el joven, el adulto o el anciano. 



"¡Oh sí! –exclamaba Hölderlin– El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino". Este es el espíritu de la ensoñación del joven, del que vive en una eterna primavera. El hombre es un dios cuando sueña porque devora y reconfigura el mundo a su antojo, la gloria le espera al retorno del viaje vital que emprende. Aunque para Bloch el regreso sea más ese de la contemplación y el "deseo de tranquilidad". 

Lo importante es que, en el corazón de todo, está la ausencia, el vacío que alimenta el deseo siempre indeterminado pero, precisamente por ello, abierto a construirse una determinación. El deseo mantiene abierto el horizonte de futuro, es la mirada hacia la utopía que se dibuja como espejismo en el desierto. Aunque no por ello deja de ser motor, es decir, motivo para el movimiento. Así que bienvenido sea el vacío que nos incita a soñar despiertos.